Amistad y balón como escudos antibelicistas

Benito Iglesias

26 de febrero de 2022

Vadin, ucraniano de 19 años, y Gleb, ruso de 16, residen juntos en la academia Palencia Internacional Junior College, son como una familia y viven con cierto temor e inquietud la guerra entre sus países.

Les toca muy de cerca, pero prefieren poner como escudos antibelicistas una gran amistad y el deporte que une sus vidas, el fútbol. Se trata de Vadin, ucraniano de 19 años, y Gleb, ruso de 16, que residen juntos desde hace dos cursos en la academia Palencia Internacional Junior College, donde comen, estudian, entrenan, comparten gustos sobre el terreno de juego y se sienten como una familia lejos de su casa. Desde aquí observan, con cierto temor e inquietud, la guerra que mantienen sus países, acrecentada los últimos días por el ataque de Rusia a puntos estratégicos de Ucrania y centrada ahora en la toma de, Kiev, sede del parlamento y las instituciones gubernamentales más importantes.

«La amistad debe ser más fuerte que la guerra y los fusiles no tienen que servir para resolver ningún problema en el mundo sin recurrir antes al diálogo entre las personas», considera el ucraniano Vadin, con tres años de estancia palentina. Es nativo de Chernivtsi, ciudad situada al suroeste del país, fronteriza con Rumanía y a unos 600 kilómetros de Kiev, epicentro del conflicto.

«Hablo con normalidad con mi familia y está bien, tranquila de momento, pero tenemos un poco de miedo. Conservo amigos en Rusia y el mejor aquí, en Palencia, es Gleb, compartimos muchas cosas y la afición por el fútbol sobre todo», dice, al tiempo que apunta que, aunque no «sabe manejar un arma», es consciente de que está entre las personas de 18 a 60 años que pueden ser reclutadas por el Ejército de Ucrania.

Por su parte, el ruso Gleb, de 16 años, -al contrario que su compañero de fatigas ucraniano- muy locuaz y expresivo, muestra una versión similar sobre el panorama que presenta la guerra y cómo les afecta aún de lejos y antepone su amistad y el fútbol a cualquier otra cosa. «De momento mantengo un contacto diario con mi familia. Además, por parte de mi madre tengo a mis tíos y primos en Ucrania que están bien y amigos en Kiev muy preocupados al ser ahora la zona donde la guerra pasa más de cerca», indica.

Gleb reconoce que sigue mucho las noticias sobre lo que ocurre en el mundo. Su ciudad, Kamchatka, a 6.000 kilómetros de Moscú y otros 1.000 más de Kiev, aunque muy lejos de los bombardeos, no es ajena al conflicto ruso y ucraniano. «Lo ocurrido ahora podía pasar en cualquier momento después de las luchas armadas de ocho años atrás en Dombás, al este de Ucrania, por movimientos políticos y distintos puntos de vista que a veces se tienen que entender. Personalmente estoy en contra de la guerra y esto debería acabar para que podamos seguir en paz los hermanos ucranianos y rusos. Con mis amigos y familia, también la ucraniana, prefiero no tocar estas cosas porque hay opiniones distintas», expone. El ucraniano Vadin y el ruso Gleb solo rivalizan sobre los colores futbolísticos en la liga española, ya que el primero simpatiza con el Atlético de Madrid y el segundo con el Barcelona. Como colofón prefieren el deporte a la política y, para refrendarlo, se funden en un abrazo.

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