La vía férrea Palencia – Palanquinos – Villada fue inaugurada en 1912 por S.M. el Rey Alfonso XIII.

Corría un tren mixto, es decir, de pasajeros, mercancías y correo. Funcionaba a vapor, los asientos eran de madera y los viajes eternos. Tanto es así que popularmente se le llamaba el «Tren Burra». Te podías montar en él aún en marcha sin peligro de no cogerlo o de que te atropellara. Basta recordar que de Castromocho a Palencia, 25 km de distancia, se tardaba más de una hora.

Después de la guerra se puso en funcionamiento el Autovía, sólo para pasajeros con asientos más cómodos y funcionando a gasoil. Era mucho más rápido y en veinte minutos estabas en Palencia.

El edificio de la Estación era majestuoso y sólidamente edificado en ladrillo rojo macizo. Constaba de planta baja, primer piso y buhardilla. En la planta baja es donde se realizaban todas las gestiones referentes al ferrocarril; en esta planta se encontraba el mostrador para despachar billetes y la sala de espera. La primera planta así como la buhardilla eran la vivienda del jefe de estación.

El edificio de la Estación estaba flanqueado por dos edificios más modestos pero también muy sólidos y muy bien construidos: el almacén de mercancías y los servicios públicos.

La Casilla, una pequeña garita también de ladrillo rojo macizo a unos doscientos metros de la Estación, completaba las instalaciones ferroviarias. Servía para resguardarse los días de frío, lluvia o calor a la hora de hacer el cambio de agujas.

Un Jefe de estación y un guardagujas eran los encargados de que todo funcionara bien. El último jefe de estación fue el sr. Recio y su guardagujas el sr. Félix.

Al incrementarse los coches particulares y los camiones como medios de transporte, el ferrocarril empezó a decaer para terminar desapareciendo a principios de los años setenta.

La majestuosa Estación, a la que tantas veces tuvimos que acercarnos para ir a Palencia, es en la actualidad un edificio en ruinas; sólo le queda la fachada y me temo que por no mucho tiempo. La misma suerte han corrido los servicios públicos. Sólo el almacén de mercancías aún se encuentra en condiciones aceptables.

Hace unos años para quitar la peligrosa curva de la carretera a Capillas se cortó por medio el curso de la vía.

Una pena que lo que tanto costó se haya dejado arruinar en nada de tiempo.

Me duele en el alma que los gobernantes de Castilla hayan dejado arruinar estas tierras. Con un poco de imaginación se hubiera podido salvar muchas de estas cosas y evitado que mucha gente emigrara a las grandes ciudades con la consiguiente despoblación y ruina de la Vieja Castilla.