La fundición de hierro de Castromocho se levantó sobre el tendedero de la antigua tejera.

Según el acta de colocación de la primera piedra, limitaba con la carretera de Palencia a Castrogonzalo por el norte, con el corral de ganado de D. Francisco Castrillo fabricante de harinas por el sur y con la fábrica sindical de harinas «Los Angeles» por el mediodía y poniente.

Las obras de construcción comenzarón el 24 de febrero de 1941.

Planificaron y dirigieron la obra sus dueños, los hermanos Emiliano y Patricio Urbón Bodero.

La mano de obra la pusieron nueve obreros del pueblo: Abundio Martín, Germán Orejas, Gabriel Benayas, Juan Alonso, Mateo Martínez, Tobias Benayas, Francisco Lesmes, Emiliano Fernández y Juan Triana.

El material usado para su construcción fue el propio de esta tierra: tapial y adobe.

Esta fundición duró poco más de diez años y se dedicó principalmente a cubrir las necesidades del campo elaborando arados, chuzos, vertederas, rejas, etc.

Con la industrialización de las grandes ciudades y la progresiva desbandada obrera a las mismas, buscando mejores condiciones de vida que en el ámbito rural, los pueblos se vinieron a menos y la poca industria que había florecido a mediados del siglo XX en Castilla acabó muriendo.

En los años 60, con la obras de remodelación y desviación de la carretera general por la empresa A.G.O (Agustín Gómez Orbegó), en el sólar de la fundición se levantó una gran nave para custodiar y reparar las máquinas usadas en dichas obras.

Terminadas éstas la nave cayó en desuso y fue adquirida por la Harinera los Angeles quien posteriormente la subarrendó al SENPA como panera de trigo debido al fracaso de los Silos Nuevos.

En la actualidad sólo quedan las ruinas de aquella gran nave-taller convertida en panera.