Un comienzo lejos de la guerra y de sus familias para 46 refugiados

Esther Bengoechea

25 de marzo de 2022

Empresarios del polígono San Antolín logran el objetivo de traer un autobús con refugiados desde Rumanía tras un intenso viaje de ida y vuelta en cinco días. «Tenían ganas de salir, pero la separación de padres y abuelos fue horrorosa», dice uno de los promotores, Santiago Tejedor.

Las cámaras de fotos se mezclaban con los paraguas mientras los protagonistas descendían, uno a uno, del autobús blanco y rojo que acaba de llegar. Titubeaban al bajar y miraban adelante y atrás para cerciorarse de que el resto de la expedición estaba con ellos, de que no se encontraban solos en un país y en una ciudad desconocida. Cuando los 46 ucranianos pisaron suelo palentino, llegó el momento del aplauso, sentido y sincero a los que lo habían hecho posible, a los que habían logrado alejarles de la guerra y ponerles a salvo hasta que puedan retornar a Ucrania.

El Palencia Junior College y la Palencia International Residence, junto con la Asociación Benéfica Otero Sawabona y varias empresas del Polígono San Antolín –con la ayuda de farmacias y particulares– se unieron para viajar hasta Rumanía y recoger allí a jóvenes ucranianos que, por seguridad, no podían continuar en su país. Y sobre las cuatro de la tarde de este viernes, el autocar que les trasladaba paró delante del colegio de los Barnabitas, en el Camino de la Miranda.

«Hemos conseguido traer a todos estos chavales para que emprendan una nueva etapa de su vida. Venimos muy ilusionados, la acogida en Palencia ha sido maravillosa, con muchas familias esperándoles y con ganas de que esto salga bien», señalaba Santiago Tejedor, uno de los artífices de este viaje, que llegaba después de recorrer y colaborar en la conducción de más de 6.000 kilómetros en cinco días.

Rememoraba el largo viaje con el autocar cargado de material humanitario. No solo iba llena la bodega, qué va, los asientos también llevaban ropa o sacos, todo lo donado desde Palencia para ayudar al desastre que se está viviendo en Ucrania. «La solidaridad de Palencia ha sido increíble, solo quiero agradecer todo el apoyo y la ayuda», argumentaba emocionándose.

Nieve en el camino

El trayecto hasta Rumanía contó con dificultades como la nieve, carreteras complicadas y «el GPS, que no sabes dónde te puede llevar». Han conducido día y noche. Querían llegar, dejar todo el material, recoger a los chicos y volver a Palencia lo antes posible. Las gestiones burocráticas en la frontera las llevaron a cabo miembros del Palencia Junior College junto a Conrado Merino, presidente de la Cámara de Comercio, y el traductor Andrii Motovylet. Los conductores que no descansaron hasta que los chicos se bajaron del autocar en Palencia fueron Santiago Tejedor, David Villota y Gerardo Rodríguez. «Estamos muy contentos, ha sido muy duro, las imágenes de allí son realmente terribles y los recuerdos estarán toda la vida con nosotros, pero al final es muy gratificante», señalaba Tejedor.

Muchos de los que salían de allí no sabían ni dónde iban. Les explicaban que a Palencia, pero entendían Valencia hasta que les mostraban el destino en un mapa. Sin embargo, el grupo de niños que había reunido el padre de Vadim, joven ucraniano que lleva tres años en Palencia y que fue quien les contó a los organizadores del viaje que muchos jóvenes en Ucrania necesitaban salir, sí que sabía dónde iban, a Palencia, donde Vadim vive, estudia y juega al fútbol.

Vadim y Gleb, un joven ruso que lleva dos años en Palencia, esperaban a todos los recién llegados y les iban dando la mano y saludando uno a uno. Ellos serán los traductores, serán los encargados de que los que acaban de huir de una guerra se puedan hacer entender en esta tierra desconocida. «Tenían ganas de salir de allí, pero la separación de los padres y de los abuelos ha sido horrorosa. Algunas de las situaciones que hemos vivido eran durísimas y creo que los chavales tienen que olvidarlo y la mejor forma es alejarse de allí mientras dure esta cosa que se llama guerra y que, cuando se normalice todo, puedan volver a sus casas», reconocía Tejedor.

Algunos de los jóvenes ya fueron recogidos ayer en La Balastera por sus familias de acogida, mientras otros van a estar un día o dos hasta que vayan a por ellos al colegio de los Barnabitas. Y algunos que viajaban con su madre irán a casas que les ceden en la ciudad o en el medio rural.

Castilla y León acumulaba 909 solicitudes de protección temporal a desplazados por la guerra de Ucrania hasta este jueves, 68 de ellas correspondientes a Palencia.

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