Idus de marzo
Juan José Laborda
27 de marzo de 2022

Los Idus de marzo era la más importante fecha del calendario romano, un augurio con el que empezaba el año nuevo, la primavera, y también algo así como un símbolo del inicio de una época nueva (la muerte violenta de Julio César supondría la creación del Imperio). Se celebraba en torno a la mitad del mes consagrado a Marte.

Darío Villanueva (Villalba, 1950), profesor de literatura, académico y exdirector de la RAE, estuvo en la Universidad de Burgos hacia esa fecha, y expuso en la Cátedra Monarquía parlamentaria su ponencia, titulada Las monarquías y el reto de la posdemocracia, culminando, con su interesantísima intervención, el curso de la Cátedra, titulado: Las monarquías y las democracias en discusión (en nuestros días).

La conferencia del profesor Villanueva tuvo los dos aspectos fundamentales perseguidos por quienes hemos organizado el curso que ahora termina: conocer las monarquías parlamentarias de nuestro tiempo y enriquecer nuestra cultura como ciudadanos del mundo.

La posdemocracia, y las variantes pos que han ido apareciendo, tienen una común naturaleza: pretenden demoler los principios y las certezas en las que la Ilustración fundamentó, en el siglo XVIII, la razón crítica frente a las verdades consagradas por las creencias y dogmas.

Aunque ciertas corrientes románticas, por ejemplo, el irracionalismo de Johann Gottfried Herder (1744-1803), iniciaron el primer ataque, fueron Friedrich Nietzsche (1844-1900), y Martin Heidegger (1889-1976), quienes declararon la ofensiva total al racionalismo, y a sus hijos espirituales, la libertad de pensamiento, la solidaridad entre seres humanos, el progreso científico, la democracia representativa y la autodeterminación de los individuos… y otros valores de nuestra civilización, negados, alegremente en su primordial oscurantismo, por las corrientes culturales del pos.

Como señaló Darío Villanueva, esas corrientes no significan que están después de algo, sino que se afirman como superación o negación del hecho o del pensamiento que la preposición pos define. Así, Ernesto Laclau (1935-2014), un profesor argentino que se presentó como posmarxista, y cuya influencia rayó en la idolatría intelectual entre dirigentes de Podemos, era, al mismo tiempo, el teórico más destacado del populismo actual, cuyo modelo fue el peronismo del matrimonio de Cristina y Néstor Kirchner.

Con humor, el profesor Villanueva comentó la falta de sentido común, o de racionalidad, de un cierto nacionalismo gallego que, en su afán de condenar la fusión de la cultura gallega con la española, sostiene que los días de la semana de un supuesto idioma gallego puro son iguales a las denominaciones del portugués, es decir, en lugar de los nombres de dioses clásicos, Luns, Martes, Mércores, Xoves, etcétera, se denominan, segunda-feira, terça-feira, quarta-feira, quinta-feira….

El que los Idus de marzo nos signifique algo, permite que el sentido común nos garantice risas ante tanto disparate presentado, eso sí, con suficiencia. Los días de la semana bautizados feira no son más antiguos o más genuinos que los denominados según dioses celestes romanos. Lo que sucedió durante la Edad Media fue que unos fanáticos fundamentalistas propusieron cambiar los nombres paganos de los días, por los que usaban la Iglesia en su calendario litúrgico, pero no tuvieron éxito, salvo en Portugal. Estos severos conservadores del gallego sin mácula de españolismo, están haciendo un gran favor retrospectivo al clericalismo de toda la vida.

Este mes de marzo ha tenido unos Idus memorables. Además de lo que anteriormente he comentado, la llegada de la primavera, este año, nos ha situado, con Ucrania, y con la propuesta del Gobierno de Pedro Sánchez sobre el Sahara, ante un desconocido dilema: ¿cómo estará, mejor o peor, el mundo y España cuando ya no estemos en primavera?

El gobierno de Polonia ha escrito y publicado un texto en el que señala que a Putin se le pueden relacionar las palabras que W. Churchill pronunció cuando las democracias, para no provocar a Hitler, se arrugaron ante él: «Les dieron a elegir la guerra o la vergüenza; eligieron la vergüenza, y tuvieron la guerra».

Desde hace muchos años, y lo he escrito y lo he verbalizado, pienso que la cuestión saharaui no tenía solución según lo que se pensó hace más de cuarenta años. La propuesta de una autonomía para el pueblo saharaui, dentro de la Monarquía marroquí, en principio, ofrece posibilidades de justicia y libertad para sus miembros. Pero existiendo, a la vez, esperanza y dudas ante lo que ofrezca Marruecos, así cómo será la opinión de la ONU, la de Argelia, y la del Frente Saharaui, ¿es de recibo que tampoco en esto no exista acuerdo entre nuestros dirigentes políticos?

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