«Más que de pregón, me gustaría hablar de exaltación»

Jesús Hoyos

27 de marzo de 2022

Heliodoro Gallego dará el miércoles 6 de abril el pregón de la Semana Santa 2022, año en que la celebración recupera su presencialidad. «Es una extraordinaria alegría y un signo de esperanza. La gente va a responder muy bien», augura el exalcalde.

Durante su tiempo en la alcaldía de la capital, apostó firmemente por la Semana Santa de Palencia. Sus gestiones fueron clave para que en 2012 la celebración fuera reconocida de Interés Turístico Internacional. En su décimo aniversario, la Hermandad de Cofradías ha decidido que sea Heliodoro Gallego el encargado de dar el pregón de la Semana Santa.

Una tarea que asume con «responsabilidad y respeto» y que se caracterizará por la exaltación de unas celebraciones que conoce muy bien y vive de forma cercana desde hace décadas. Será el miércoles 6 de abril a las 20 horas en la catedral, también como forma de conmemorar el VII Centenario de la seo, «bella entre las bellas», según sus palabras.

 ¿Cómo recibió la noticia?

Me la comunicó Domiciano Curiel, máximo representante de la Hermandad en la actualidad. Para mí fue una sorpresa porque no lo esperaba. Una vez superado ese momento, surgió la reflexión porque he escuchado a grandes pregoneros. Pese a mi experiencia en el ámbito político y a haber estado presente en foros nacionales e internacionales, pensé en si este humilde pregonero estará a la altura de lo que es un gran reto viendo los anteriores de nuestra Semana Santa. Es cuestión de respeto, más que de miedo. Ni este ni la resignación van conmigo.

 ¿Qué significa para usted ser pregonero de la Semana Santa?

Primero, tener la oportunidad de hacer un homenaje a nuestra Semana Santa. Más que pregón me gustaría hablar de exaltación. Es bellísima y fruto de la tradición popular. Está vinculada al pueblo a través de las cofradías. Centenares de cofrades movidos por la fe, la tradición, la familia y las costumbres procesionan por nuestra ciudad con los pasos, que tienen una extraordinaria belleza. En el ámbito personal, siempre he sido un enamorado de la Semana Santa. Por lo tanto, he recorrido las calles con los cofrades, he estado presente en todos los actos y he vivido y compartido las alegrías y los momentos difíciles, como cuando una procesión no puede salir. Es un sentimiento cofrade el que tengo dentro de mí.

Esto es un humilde reconocimiento. No hay que hacérselo a una persona, sino a una institución, en este caso el Ayuntamiento que, junto con otras administraciones y de la mano de los propios cofrades y quienes han estado al frente, han dado un extraordinario impulso a la Semana Santa. No solo es para mostrar la excelencia de nuestro arte, sino también para vivirla y compartirla. Ha sido reconocida con la declaración de Fiesta de Interés Turístico Regional, después Nacional y hace diez años Internacional. Es de las Semanas Santas de mayor prestigio y relevancia de España. Quien no la conozca, voy a intentar que lo haga por todos los medios. El mero hecho de hablar de la propia Semana Santa me emociona, al igual que de otras cuestiones. Cuando llevas Palencia en el corazón, todo lo que sea bueno atrae a los propios y a muchos de fuera. Los visitantes vienen a gozar de la Semana Santa y a recorrer nuestros pueblos, porque también merece mucho la pena en ellos, y a contactar con el paisaje y la gastronomía.

Tiene sus señas de identidad. Además de los pasos, de gran valor y profundo sentimiento religioso, está vinculada a una vocación y al arraigo popular.

 ¿Cómo recuerda los años en que trabajó para conseguir la declaración internacional?

Lo digo con humildad. Nos pusimos a disposición de las cofradías. Tengo un extraordinario recuerdo y mucho agradecimiento hacia todos los presidentes y hermanos mayores de ellas. Para ellos fue un objetivo que la Semana Santa fuera mejorando y haciéndose más grande. Tengo que reconocer que las administraciones han continuado en esa labor. Que el reconocimiento se haga en mi persona es un poco anecdótico. Lo importante fue la labor de las cofradías. Dijeron: «Si tenemos estos tesoros y maravillas, los tenemos que dar a conocer y ser capaces de elevar el nivel». Para hacerlo, se pusieron unos objetivos, se trazaron unos caminos y unos compromisos.

Me he encontrado con gente muy comprometida, nos reunimos muchas veces para preparar bien el expediente. Cuando llegó el reconocimiento, me alegraba por ellos y por la ciudad. Un representante tiene que estar atento a lo que beneficie a la gente con carácter general. Vi a muchos llorar de alegría y los abrazos fueron la expresión más sincera de que el corazón hablaba en aquellos momentos. Todo fue merecido, no se nos ha regalado nada. Hay pueblos que también tendrían que ser reconocidos. Creo que hay que ser así de solidarios. Aquello que nos une es bueno.

 ¿Qué vivencias personales guarda de la Semana Santa?

Lo he compartido todo, de las alegrías a las dificultades. Del Domingo de Ramos, cuando los cofrades van a cara descubierta, a la seriedad y profundo arraigo con que se viven los actos. Sencillez y solemnidad. He hecho kilómetros y kilómetros con los cofrades detrás de los pasos, en silencio y guardando el respeto que merecen, escuchando a nuestros maravillosos músicos y con la presencia de la excelsa Banda Municipal. Además de los momentos religiosos y las multitudes, ves que muchos vienen de fuera atraídos por el boca-oreja, la declaración y la difusión que se ha hecho en la prensa.

Algo peculiar es que los cofrades apuntan a sus hijos al poco de nacer. Hay gente que ha tenido que irse fuera, pero no fallan porque tienen marcada la Semana Santa en su calendario. Después de las procesiones, viene la reunión, la confraternización y el diálogo, acompañados de limonada, almendras y panecillos. Es el momento de las anécdotas y los chascarrillos. Me maravilla cómo las cofradías funcionan como grandes familias. Junto al arraigo religioso y la manifestación de la fe, estas han sido ejemplares en el aspecto social, a la hora de arrimar el hombro y apoyar a los más vulnerables con iniciativas de mucho calado. A lo mejor no se conoce tanto pero quiero resaltarlo. Ahí está también el Monumento al Cofrade, de Óscar Alvariño, como reconocimiento a su labor. 

¿Tiene un paso procesional preferido de entre los palentinos?

Aparte de la belleza y el arte en sí mismo de los pasos, hay otras cuestiones con las que te quedas entusiasmado. Hay pasos que tienen siglos de antigüedad y otros son modernos, pero también de gran valor. Yo he visto cómo se inauguraban y crecían con mucho gozo, tanto en la alcaldía como en la oposición. Me encantan los de todas las cofradías. Hubo un debate en su momento sobre lo que debía ser la Semana Santa y se introdujeron pasos con rostros más sonrientes y maternales.

 ¿Puede adelantarnos algún aspecto del pregón?

Del pregón tengo la base, me gusta preparar las cosas con tiempo. Me está costando porque, además de la exaltación, que será en lo que me centre, he merecido la confianza y tengo que responder con humildad y dignidad a eso. Pueden ser frases grandilocuentes pero es así. Haré referencia a determinados temas actuales. Me han dicho que lo haga con libertad, por lo cual todavía supone más responsabilidad.

 Es el regreso de la Semana Santa de forma presencial

Después de dos años de espera, es una extraordinaria alegría que podamos recuperar, en gran medida, la normalidad. Han sido dos años muy duros y es un signo de esperanza. Los cofrades apenas se han podido ver y no la hemos podido vivir. Parecía que esta pandemia era propia de otros siglos, pero ha sido una lección de humildad para la humanidad. Nos ha permitido reflexionar sobre que las cosas no estaban tan atadas como pensábamos. Hemos tenido la suerte de que la ciencia nos ha hecho un servicio extraordinario con la vacuna, además de los sanitarios y el resto de trabajadores esenciales, que merecen un reconocimiento claro y expreso. Han demostrado cómo la sociedad, en momentos difíciles, da la cara y ellos han arrimado el hombro y nos han dado seguridad.

 ¿Cree que el parón de dos años afectará a la forma de celebrarla?

Las cofradías están actuando con extraordinaria prudencia y adoptando todo tipo de medidas a disposición de las autoridades sanitarias. Creo que la gente va a responder muy bien porque hay ganas e ilusión de volver a la normalidad. Este año, las calles y las plazas se van a abarrotar. No se lo van a perder. A poco que acompañe el día, subir al Cristo para su procesión, es un gozo y una maravilla, por poner un ejemplo. Las del Jueves y Viernes Santo, las de la noche con su silencio y tranquilidad… Cualquiera. Es para vivirlas. Creo que la respuesta será masiva. Conozco también personas de fuera que no se lo van a perder. Se van a notar las ganas de pasar página.

 Un deseo como pregonero

Superar del todo la pandemia y que haya paz en el mundo. No comprendo las guerras, no solo la de Ucrania. Nunca hay que abandonar a las personas más vulnerables. La pandemia y las guerras siempre las afectan en mayor medida. Esto va unido a mi sentimiento más profundo de solidaridad con todas.

 ¿Cómo valora la presencia juvenil en la Semana Santa?

Empecé a vivir la Semana Santa con personas mayores. Hace veintitantos años no veía mucha presencia juvenil, pero después ha habido un resurgimiento en las bandas y en las cofradías. Es decir, una renovación con sangre joven. Me refiero a ver a chiguitos y chiguitas tan pequeñitos en Domingo de Ramos con las palmas, que van en familia. Hay presente y futuro. No hay más que ver que, cuando acaban las procesiones, en esos momentos de confraternización, hay gente joven que disfruta de todo esto. Es una realidad.

Las cofradías son signos de identidad y autoestima. He visto a gente que lleva con gala y entusiasmo el ser miembro de una. Si hay rivalidad, es sana. Todos quieren hacerlo lo mejor posible y con mucho mimo.

 Ya está fuera de ellas, pero ¿qué papel deben jugar las instituciones?

Tienen que seguir, y creo que lo están haciendo, dando el máximo apoyo posible a la Semana Santa de Palencia. Deben volcarse y dejarse la piel para que siga creciendo. Es uno de los acontecimientos que marcan el calendario de la ciudad. Tenemos una referencia religiosa de enorme arraigo popular, por lo que debe estar respaldada. Sería un error no defenderla.

 ¿Qué más se puede hacer?

Hay que estar a disposición de la Hermandad de Cofradías y estar atento a los nuevos retos y desafíos. Tenemos un tesoro que no solo es religioso, aunque parte de ahí, sino también artístico. El esfuerzo que hace quien lleva los pasos es tremendo. Terminan cansados pero felices, con la enorme satisfacción de haber sudado o pasado frío por algo en lo que creen. Si no lo haces con el corazón, parece irrealizable.

La Semana Santa no es una utopía. Hace años, algunos estaban en la resignación, pero hubo personas -algunos continúan- que estuvieron a la altura de las circunstancias y no se resignaron. Empezaron, entre todos, a construir. No muros entre cofradías, sino una Semana Santa más grande a través del compartir. Fue gente con una mente muy despierta que pensó en común, frente a otros que pensaban que era mejor dejarla en segundo plano y no darle la importancia y trascendencia que tiene. Lo que parecía utopía hace años -y a mí me lo han dicho-, se ve desde hace tiempo como una realidad.

Siempre hay mejoras pendientes y no nos podemos estancar. Algo pendiente es la construcción del Museo de la Semana Santa. Me consta que la Hermandad no para, es inquieta, comprometida y no da puntada sin hilo para que la celebración vaya a más. Y va a ir a más. Por cierto, nadie tiene el Tararú. Los de fuera se maravillan. Nos dicen que somos personas austeras. Podemos serlo, pero nos lo hemos ganado todo porque mucha gente procede de los pueblos. La gente miraba al cielo pendiente de la lluvia. Por eso el cielo de Castilla es tan alto, como decía Delibes. La Semana Santa de Palencia está en buenas manos. Estamos viviendo una edad dorada.

 Una edad dorada que puede que eclipsen las Semanas Santas de Valladolid o Zamora, con una mayor tradición en la comunidad

Están en la palestra desde hace más tiempo. La nuestra está ahí con mucha humildad. Y sin perderla se ha empezado a ver su esplendor. «¿Cómo íbamos a competir con ellas?», se decía. Pero no desmerece en nada, cada una tiene sus signos de identidad. Hay algo que en Palencia destaca: ese silencio, respeto y recogimiento con que se viven los desfiles. Eso no lo he visto en otras. Me quedo con eso y también con el Tararú y la exaltación.

Cuando estaba de alcalde, vinieron personas de referencia a nivel nacional y se quedaron entusiasmados porque no la conocían. Llevamos años sembrando y se está recogiendo. En otros sitios se empezó a sembrar antes, nada más. Nos hemos abierto camino.

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