Las campanas vuelven a la Catedral

Esther Bengoechea

6 de abril de 2022

Tras diecinueve meses de restauración, retornan a la torre por el séptimo centenario de la seo palentina.

Las tres campanas de la Catedral: San Antolín, Santa Bárbara y Sardinera han vuelto este miércoles a casa, después de diecinueve meses, desde que abandonaran su torre el pasado 11 de septiembre de 2020 para ser restauradas con motivo del séptimo centenario de la seo palentina. Y han vuelto pronto, a las 9:30 horas de la mañana ya estaban en la plaza de la Inmaculada, descansando sobre el camión de Campanas Quintana y a la espera de que la grúa las elevase a su lugar, una a una, con mucho cuidado y paciencia.

«Escuchar las campanas de la Catedral en Palencia es una señal de fiesta, de gozo y de convocatoria», señala José Luis Calvo, delegado de Patrimonio de la Diócesis de Palencia. La convocatoria de este miércoles, desde primera hora de la mañana, ha contado con decenas de vecinos que se han detenido a observar las campanas, a inmortalizarlas y a grabar cómo subían hasta lo alto de la torre.

El sol y las buenas temperaturas tampoco se han querido perder el espectáculo. Sus rayos hacían que el bronce de las campanas brillase con más fuerza que nunca, después de haber sido eliminada la pátina (la tonalidad verde) y los restos de excrementos de las palomas que se acumulan con los años. La limpieza se ha llevado a cabo con una microesfera de vidrio, un material ligeramente agresivo que se proyecta sobre la superficie a baja presión para no deteriorar el metal. «Ninguna de las tres campanas ha sido fundida», explica Calvo. «Y también se han afinado, porque no es solo cuestión de limpieza, sino de que los sonidos se recuperen. La acústica es muy importante», sentenciaba.

Los yugos también han sido modificados para adecuar su peso y reequilibrar las campanas, con el objetivo de que puedan ser tocadas manualmente y también mecánicamente. «Hay una corriente a nivel general de recuperar la tradición de los toques manuales. Se ha pretendido adecuar los equipos instalados a esa tendencia, que se puedan hacer toques manuales y también automatizados», afirmaba Manuel Quintana, de Campanas Quintana, empresa afincada en Saldaña que cuenta con cuatro siglos de historia.

La primera campana que se subió fue la Sardinera, la única de las tres que no tiene nombre religioso. La tradición señala que el nombre viene porque era tocada en Cuaresma, cuando no se comía carne y sí pescado, como sardinas. «Sube el cable, que no pega en nada, tranquilo», señalaban desde arriba de la torre los operarios de Campanas Quintana a través de un transmisor al trabajador de la grúa que se encargaba de conducir la primera campana hasta su destino. Tras engancharla con cadenas a unas sujeciones sobre el vano más grande de la torre, soltaban el gancho de la grúa. Esta pesaba 825 kilos más el yugo, que puede llegar a 500 kilos.

Siete de las once campanas de la Catedral de Palencia han sido restauradas para celebrar sus setecientos años de historia. «La restauración de las campanas, en torno a 70.000 euros, la ha pagado el cabildo, que saca fundamentalmente el dinero del turismo. Y este se invierte en el propio edificio y en sus bienes», señaló Calvo.

Las campanas se podrán escuchar en todo su esplendor el Domingo de Resurrección, aunque antes serán afinadas para que su tañido sea perfecto. Posteriormente, con motivo de la inauguración de la exposición Renacer, por el séptimo centenario, también repicarán con volumen y alegría.

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