La soledad de Casado y Egea
Pilar Cernuda
22 de febrero de 2022

Ha sido un martes desolador para Pablo Casado y Teodoro García Egea. A medida que transcurrían las horas, el goteo de abandonos ha sido constante, incluidas algunas de las personas más próximas a los dos que se sumaban a lo que había decidido el día anterior la dirección nacional, una docena de dirigentes elegidos por el todavía presidente y el secretario general. La mayoría de ellos pidió la dimisión de Egea y la convocatoria de un congreso del partido del que debía salir una nueva ejecutiva, incluido un nuevo presidente. Las excepciones a esta posición fueron escasas, los vicesecretarios Pablo Montesinos, Ana Beltrán y Antonio González Terol.

Desde que finalizo la reunión, tanto Casado como Egea se dedicaron a llamar a sus afines, y pidieron a los barones regionales que acudieran la tarde del martes a Génova para intentar reconducir las cosas. A favor de Casado, evidentemente. Pero desde primera hora de la mañana se hizo patente el desapego hacia quienes han dirigido el partido en los últimos años: nombres insospechados, amigos personales de Casado y de Egea, y colaboradores muy próximos, se sumaban a los que pedían un congreso extraordinario.

¿Oportunismo? ¿Advirtieron que los críticos iban a ganar? En algunos casos seguro que imperó el oportunismo, pero a la mayoría les movió la convicción de que con Casado y Egea el PP no tenía ninguna posibilidad de sobrevivir. De hecho, hace meses que varios periodistas recogíamos que la disidencia era creciente y, en conversaciones privadas, dirigentes que institucionalmente estaban obligados a declarar públicamente su adhesión al presidente, confesaban abiertamente su desazón por la forma en que estaba llevando, para mal, al partido.

Casado y Egea no se dan por vencidos, pretenden aguantar hasta el congreso ordinario de julio, pero deben ser los únicos miembros del PP que creen que llegarán hasta entonces. Sin embargo, a lo largo del martes, la deserción de supuestos incondicionales que se colocaban a la vera de los que exigían cambios, congreso y nueva dirección, les dieron una pista sobre la realidad de la situación. En la séptima planta de Génova, contaban compañeros del presidente y del secretario general, ´había tristeza y rabia por igual. Algunos sugerían que en la sesión de control del miércoles los diputados homenajearan a Casado con un fuerte aplauso. Otros en cambio le aconsejaban que no participara en una sesión en la que Sánchez podía vapulearlo. Y si no lo hacía, era porque consideraba que ya era hombre muerto y no quería ensañarse con él.

Los barones analizan con lupa los estatutos para convocar el congreso extraordinario. Quieren hacerlo ya, por temor a que Sánchez convoque elecciones y les pille en el peor momento, en la crisis más grave de su historia.

En política es arriesgado hacer pronóstico, pero esta vez parece que es irremediable la elección de un nuevo presidente del PP. ¿Feijóo? En esta hora habría que apostar que sí.

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