Hágame un retrato, por favor. Son 15 reales

Almudena Álvarez

29 de agosto de 2023

Javier de la Cruz Macho, doctor y catedrático en Historia, acaba de publicar el libro ‘Capturar la luz’, en el que describe los primeros pasos de la fotografía en Palencia, desde 1839 hasta 1900.

En 1854 hacerse un retrato en Palencia no estaba al alcance de cualquiera. Costaba 15 reales. El salario de tres días de un jornalero. Sin embargo, por aquel entonces, hacerse fotos en Palencia era más barato que en otras ciudades vecinas como Santander.

“Eso indica que ya había algún estudio de fotografía en la ciudad y la competencia obligaba a los fotógrafos ambulantes a bajar los precios”, señala en una entrevista a EFE Javier de la Cruz Macho, doctor y catedrático en Historia que acaba de publicar el libro “Capturar la luz” en el que describe los primeros pasos de la fotografía en Palencia, desde el origen del invento en 1839 hasta 1900.

Asegura que aunque la visión negativa de las provincias de interior pudiera indicar que la fotografía llegó con retraso y de una manera pobre a Palencia, lo cierto es que la realidad no puede ser más distinta y lo hizo a la par que en otras ciudades españolas.

Su libro pone de manifiesto que la evolución de la fotografía en Palencia es similar a la del resto de España, situando el primer daguerrotipo en la década de 1840, una fecha temprana y muy anterior a la que sugerían los estudios de carácter general.

“He conseguido encontrar una primera referencia que documenta el daguerrotipo en la década de los años 1840. Diez años antes de lo que se pensaba y muy en sintonía con otras muchas ciudades españolas”, afirma el historiador.

La pista se la da el anuncio de venta de una máquina de daguerrotipos (el primer procedimiento fotográfico que data de 1839) que figura en el Boletín de la provincia. “De ese anuncio se deduce que había una persona en Palencia que tenía una máquina y hacia daguerrotipos”.

Tirar del hilo no ha sido fácil. El archivo del Boletín provincial no guarda los recibos de la gente que ponía los anuncios, dejando muchas preguntas en el aíre (quién lo compró, quién lo vendió o para qué lo usaba, para hacer retratos por encargo y venderlos o con fines científicos…).

Pero sirve para asegurar que “ya en esos años hay interés por la fotografía en Palencia y que la gente está al tanto de la técnica fotográfica y de los avances que se van haciendo”, señala De la Cruz Macho.

“Estoy convencido de que había más daguerrotipos en Palencia. Si no tenemos más datos es por falta de fuentes, no porque no existieran”, continúa el historiador, que insiste en que lo único cierto es que Palencia no llegó con retraso al disparo de la foto fija.

Si bien, la primera fotografía física hecha en Palencia que ha encontrado es de unos años después, de 1854. “Pueda haberlas más antiguas, pero lo desconozco”, apunta. Es una imagen tomada por Pedro San Juan, que abrió el primer estudio fotográfico en la ciudad del Carrión.

De él ha rescatado cuatro fotografías muy antiguas: tres retratos y un catafalco, un monumento funerario que se ponía en las iglesias y que es la primera fotografía que se hace fuera de estudio en Palencia, sin controlar la luz, en un proceso que entonces era muy complejo y que se basaba en el ojo y la experiencia en el uso del colodión húmedo.

Ese catafalco podía estar en la catedral, en las Agustinas Canónigas o en San Francisco, se hizo en honor a la familia Solorzano y pertenece a la colección de Fernando Franco Jubete, descendiente de esta familia de Baltanás (Palencia).

Con mucho esfuerzo, buceando en el Archivo provincial, en colecciones particulares como la de Luis Sendino y Félix Pollos, y aplicando dotes detectivescas Javier de la Cruz ha rescatado los primeros pasos de la fotografía en Palencia, el nombre de los primeros fotógrafos ambulantes, los estudios fotográficos del siglo XIX, la participación de la mujer, la actividad fotográfica de los aficionados y la incorporación de la fotografía a la prensa y publicaciones.

Como explica, a finales de ese siglo ya “hay palentinos acomodados que van a prestigiosos estudios fotográficos de Madrid a hacerse retratos” como el de André Disdéri o el de Jean Laurent.

Y tampoco tardaría mucho en llegar el “boom de la fotografía hecha por aficionados”. Javier de la Cruz ha localizado más de una docena en la capital en la última década del siglo XIX. “Habría muchos más en línea con el resto de ciudades”, afirma el catedrático.

Su libro también dedica una parte al gran estudio de fotografía que hubo en Palencia en esa época, el estudio Idelmon que estuvo funcionando desde 1865 hasta 1925, primero a cargo de Rafael Almazán Navarro y después de sus hijos Fabriciano y Enrique.

e sus preferidas, una que se tomó en 1898 mientras se construía la actual Plaza de Abastos de Palencia y que realizó el propio arquitecto, Juan Agapito Revilla, que era fotógrafo aficionado.

“Es una foto desconocida y un documento único que muestra el montaje de la estructura metálica”, afirma.

Su investigación concluye en 1900 cuando la fotografía se había profesionalizado y popularizado y los aficionados hacían sus pinitos y se movían en círculos capitalinos siempre que tuvieran un poder adquisitivo que se lo permitiera.

Porque como reseña el autor, en poco tiempo, la fotografía pasó de ser un objeto de científicos y burgueses a una profesión minoritaria. Y hoy, doscientos años después, la vieja aspiración de capturar la luz es una afición universal, un hecho cotidiano que está al alcance de cualquiera. EFE

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