German Caballero Atienza sube a los altares

Dámaso

28 de octubre de 2007

La beatificación hoy de Germán Caballero Atienza no debe ser, para nosotros sus paisanos, el punto de partida de una recuerdo histórico que surja de forma partidista desde el pasado sino el recuerdo que desde el pasado nos lleve a la construcción de una memoria histórica que incluya a todos los que se convirtieron en victimas, ya fuese por su reconocimiento expreso de la fe cristiana, ya fuese por defender unas convicciones e ideas personales, o simplemente por ser ciudadanos obedientes que respondieron a un mandato de alguien a quien estaban obligados a obedecer.

Hoy es la fecha de beatificación de un hijo del pueblo: Germán Caballero Atienza; hoy debe ser un día de júbilo y gozo por ser el primer castromochino en subir a los altares. Castromocho va a tener hoy la ocasión de recordar a Germán Caballero Atienza, porque para nosotros debe ser más que un mero nombre en la lista que diferentes postulaciones han presentado para la beatificación por Benedicto XVI en La Ciudad del Vaticano; es el nombre de un paisano que va a ser nuestro primer Beato, aunque puede que no sea el último y le sigan otros, pues está ya muy avanzada la causa de otro Castromochino, Natalio Camazón Junquera.

Castromocho debe vivir la beatificación de este paisano con triunfalismo, debe vivirla desde el ejemplo de vida que nos dejó en el tiempo que vivió entre nosotros, existencia de la que cabe destacar su apertura a la necesidades del momento que le tocó vivir, y la decisión en la búsqueda de respuestas para las necesidades de unos hombres y mujeres del mundo transoceánico, entendiendo que allí podría ser más necesaria su presencia como sacerdote.

La beatificación de Germán no debe ser, para nosotros sus paisanos, el punto de partida de un recuerdo histórico que surja de forma partidista desde el pasado; necesariamente hemos de buscar, dentro de todos nosotros, unos recuerdos, que desde el pasado nos lleven a la construcción de una memoria histórica que incluya a todos los que se convirtieron en victimas, ya fuese por su reconocimiento expreso de la fe cristiana, ya fuese por defender unas convicciones e ideas personales, o simplemente por ser ciudadanos obedientes que respondieron a una orden o a un mandato de alguien a quien estaban obligados a obedecer.

La memoria en la que nos debemos apoyar ha de hacer la de la justicia a todas las victimas de Castromocho, hecho que redundará en una igualdad para con nosotros mismos, lo que nos permitirá afirmar que pertenecemos a un único colectivo, el de pertenecer a un conjunto de ciudadanos que nos mantenemos unidos por el hecho de haber nacido, vivido, o vivir en el mismo lugar y también por el hecho de convivir con alguien con el que hemos establecido vínculos familiares o de amistad, que nació, vive o vivió en Castromocho.

Los compromisos ideológicos, éticos y morales de cada uno de nosotros, no pueden suponer una renuncia a la responsabilidad y obligación que tenemos de ser justos, ecuánimes y generosos a la hora de participar con modos de ser y comportamientos personales actuales, que aunque exclusivamente propios, es decir de nuestra vida individual, no van a dejar de influir y configurar la historia futura de nuestro pueblo, a la que se asomarán todos aquellos que nos sucedan.

Todas las victimas, las que recordemos expresamente con su nombre, tal es el caso de Germán Caballero con ocasión de su beatificación, como todas aquellas que permanecen en el recuerdo de sus seres queridos y también de sus paisanos – y que algún día tendremos que recordar- deben ser la contraseña de amor, de entrega, de esperanza y de paz, que guíe nuestras vidas.

Adelicio Caballero
Sobrino-nieto de Germán Caballero.

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