Fabiola de Palencia
Juanma
2 de marzo de 2022

Desayunaba el sábado leyendo la noticia de la presentación de esta figura de calidad, así que a la primera oportunidad quiero felicitar a los promotores y responsables de la consecución de esta Marca de garantía Fabiola de Palencia y, por supuesto, a los 8 obradores comprometidos con su desarrollo: El Horno de Pablo (Palencia), Panadería San Francisco (Villamuriel), La Consuelo (Torquemada), Panadería El Alar (Alar del Rey), Panadería Berruguete (Paredes de Nava), Panadería El Valle (Saldaña), Panadería Salazar (Frómista) y La Tahona de Sahagún (Sahagún).

Fabiola de Palencia se suma así a la Torta de Aranda, el Pan de Valladolid y la Harina Tradicional Zamorana como marcas de calidad vinculadas al pan en Castilla y León.

La Fabiola supuso un ejercicio de adaptación a los cambios que nos puede parecer muy sencillo, pero es más que interesante; la tendencia de la sociedad a consumir el pan de barra y el auge del consumo de la barra del pan de flama (con mayor hidratación) estaba quitando cuota de mercado al pan candeal, generalmente elaborado en panes u hogazas de tamaños más grandes, así que alrededor del año 1955 las familias palentinas Campillo y Mendiguchía decidieron elaborar el pan candeal en formato de barra. Cinco años después se le dio el nombre, vinculado al matrimonio de Fabiola de Mora y Aragón con Balduino de Bélgica, todo un acontecimiento social de la época esta boda real. Y con ese nombre se quedó y lo conocemos hoy en día.

La Fabiola, pan elaborado con una masa de baja hidratación, de entre el 42 y el 48%, que tiene en el ‘bregado’ su característica más significativa; consiste en un refinado para eliminar las burbujas de aire y dejar  la miga más densa, compacta y blanca. La forma que se la da, el greñado, es de cuadros que forman unos picos, u ondulado (reconozco que prefiero los picos) pequeños y crujientes, pues algunos de ellos me los iba comiendo de camino de la panadería a casa…
Si quizás por su densidad y miga prieta para bocadillos no sea el pan más cómodo de comer, precisamente por ello la Fabiola es insuperable para untar salsas.

Me acuerdo mucho con esto de mi abuelo Antoliano, quien cada día desayunaba unos trozos de la Fabiola ya dura, de días anteriores, mojados en el café con leche.

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