El consumo de tabaco en Palencia cae casi un punto

El Norte de Castilla

6 de febrero de 2022

En cuanto al tipo de tabaco, los reyes siguen siendo todavía los cigarrillos, que suponen el 90% de las ventas de los estancos, muy por encima de cualquier otro tipo de modalidad, como el tabaco para vapear (glicerinas calentadas) y el tabaco sin combustión. Y aunque hace unos años hubo un cambio y aumentaron las ventas de tabaco de liar porque era más económico, la equiparación en los precios ha frenado el ascenso.

En 2021 se fumó menos en Palencia. El dato objetivo se desprende del informe elaborado por el Comisionado para el Mercado de Tabacos, organismo autónomo que depende del Ministerio de Hacienda. Hasta el 31 de diciembre de 2021 se habían vendido en Palencia 7.837.830 cajetillas (de 20 cigarrillos), un 0,92% menos que en 2020, cuando, pandemia por medio, se vendieron 7.910.292 cajetillas de tabaco. Millones de cigarrillos que se traducen en 35,89 millones de euros de ventas en Palencia en 2021 frente a los 36,06 millones de euros de 2020. Y eso que en Castilla y León el consumo repuntó ligeramente (un 0,7 por ciento), después de tres años a la baja, hasta alcanzar los 111,20 millones de cajetillas frente a los 110,39 de 2020. Sin embargo, en Palencia el descenso en las ventas se sitúa en el 0,92%, lo que se traduce en una reducción de los ingresos del 0,48%. O lo que es lo mismo, en 2021 se vendieron 72.462 cajetillas menos de tabaco y se ingresaron 171.345 euros menos.

En definitiva, el consumo de tabaco disminuyó ligeramente en Palencia en 2021. También lo confirman los estanqueros, aunque con precisiones, porque «el descenso es progresivo y se viene notando de forma paulatina desde hace años», señala Eva Hospital, presidenta de la Asociación de Estanqueros de Palencia.

Los hábitos están cambiando. El ocio está cambiando. La normativa es cada vez más estricta. «Y Palencia no deja de perder población y la que hay, cada vez está más envejecida», apunta Eva Hospital. Así que, a la evidente tendencia nacional de descenso en el consumo de tabaco, se añaden en Palencia otros factores poblacionales y demográficos que merman las ventas de un producto «legal». Lo subraya Eva Hospital cansada de que se «demonice» constantemente a un sector que «está muy mal visto en muchos aspectos, pero que vende un producto legal, que además supone muchos ingresos para el Estado». De hecho, aproximadamente el 80 por ciento del coste de cada cajetilla son impuestos que van a las arcas del Estado y el otro 20 por ciento se reparte entre productores, transportistas, distribuidores y estanqueros, resume la portavoz de los estanqueros en Palencia.

Para Hospital, -que conoce el negocio desde los 18 años, porque creció en el estanco que fue de su padre, cuando un paquete de tabaco valía 25 pesetas, y lo regenta desde hace dos décadas-, más que los cambios en los hábitos de consumo, que los hay, el problema radica en la pérdida de población joven. «Tenemos mucha gente mayor, pocos jóvenes y el mercado es cada vez más pequeño», resume.

También influye en el negocio la ubicación del estanco, porque no es lo mismo que esté en el centro de la ciudad que en un barrio o en un pueblo. Y si este es pequeño, «los estancos apenas son rentables», asegura. Es más, considera que muchas veces «hasta hacen una función social».

Tendencia en contra

Pero al margen de todo, unos y otros sufren las repercusiones de una tendencia que empujan la OMS, que pide a todos los países que inviertan para ayudar a la gente a dejar de fumar, y todos los gobiernos. De hecho, el Ministerio de Sanidad trabaja en un borrador que propone incrementar los impuestos de los cigarrillos y sus derivados, aumentar los lugares libres de humo para que no se pueda fumar en coches o fijar un empaquetado genérico en las cajetillas, otra de las reivindicaciones históricas de las organizaciones de lucha contra el tabaquismo.

Asegura Eva Hospital que la subida de impuestos no funciona, que no es la solución porque baja la recaudación, pero no porque se deje de fumar, sino porque se compra más tabaco de contrabando. «Se trata de que se consuma cada vez menos tabaco, pero cada vez que incrementan impuestos lo que sube es el tabaco de contrabando», asegura Esther Martín que tiene el estanco de Carrión de los Condes. Lo sabe porque sus clientes «compran en el estanco los filtros y el papel, pero te dicen que el tabaco es más barato por Internet». Además, asegura que cuando sube el tabaco y se endurece la normativa la gente compra tabacos de menor precio y se venden más cigarritos y tabaco de liar.

Frente a esta situación, los estanqueros se defienden. «El tabaco tiene un registro, es legal, el que venden en internet es ilegal y no se sabe ni lo que lleva», señala Martín. «A los estanqueros se nos demoniza, pero vendemos un producto legal», insiste también la presidenta de la Asociación de Estanqueros. Y aunque entienden el sentido de las campañas de Sanidad para reducir el consumo de un producto perjudicial para la salud, insisten en que su negocio es legal y está regulado por el Gobierno y que «lo peligroso es comprar tabaco por internet que no tiene ningún control». No solo para la salud, también para el negocio y la recaudación, «porque esta venta irregular no tiene beneficios para el Estado y sin embargo no se persigue, ni se controla suficientemente», afirma Hospital.

Sobre otras medidas «que se rumorean» para reducir el consumo de tabaco, como prohibir fumar en terrazas (definitivamente) o en el interior de los coches, para ir aumentando los lugares libres de humo, los estanqueros reprochan «la doble moralidad» del Gobierno, por la recaudación que suponen los ingresos del tabaco.

Impuestos

Insisten en que otro problema que lastra el negocio son los impuestos que se pagan por tener un estanco o una máquina de tabaco y que, como explican, no son proporcionales al tamaño de la ciudad donde se ubica el establecimiento, lo que está obligando a cerrar estancos en los pueblos y a quitar las máquinas de los bares.

El caso es que, entre unas cosas y otras, los 60 estancos que hay en Palencia, 20 de ellos en la capital, intentan compensar la caja ofreciendo otros servicios «para que se note menos la caída de ventas del tabaco», señala Hospital. Ya sea la venta de sellos y sobres, papel timbrado y otros productos que también tienen prohibida la venta libre, además de envío de dinero, servicio de paquetería, …«siempre estamos buscando», asegura. Incluso se plantean la posibilidad de ofrecer un servicio «de cajeros» y permitir el pago de recibos para no condicionar a los usuarios a los horarios de las oficinas bancarias.

También la pandemia de la Covid-19 ha dejado algunos cambios en los hábitos de compra. En aquellos meses de confinamiento, los clientes empezaron a comprar cartones de tabaco, para salir menos al estanco, y a pagar con tarjeta de crédito. Dos costumbres que se han instalado tanto en los pueblos como en la capital.

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