Dos años de tormenta a la espera de poder alcanzar la orilla

Diario Palentino

13 de marzo de 2022

Cuando se cumple el segundo aniversario de la declaración del primer estado de alarma, Castilla y León sigue trabajando a destajo para amansar a la covid y devolver la normalidad a sus ciudadanos

«Esta es una batalla que vamos a ganar. Lo importante es qué precio pagaremos por esa victoria. Cuántas más vidas nos ahorremos, cuántos más enfermos y más días de enfermedad nos evitemos, cuánto menos tiempo de vida, de estudio, de trabajo, de ocio sacrifiquemos, más rotunda será esa victoria. Que no quepa duda alguna: unidos, saldremos adelante. Unidos, venceremos al virus». Con estas palabras concluía hace exactamente dos años la comparecencia del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la que anunciaba la aprobación de un estado de alarma en España para hacer frente al coronavirus. Quince días fijaba el acuerdo, iluso y desbordado ante la magnitud de los hechos que le precederían, y que finalmente se convirtieron en 98 largas jornadas ante el avance imparable de una enfermedad que nadie podía ver pero que ha puesto de rodillas al mundo entero. Enclaves emblemáticos de la Comunidad como el acueducto de Segovia, la catedral de Burgos, la plaza Mayor de Salamanca o la de Valladolid desiertas y sin vida son imágenes que aparecerán en los libros de Historia de la Comunidad, al igual que todos recordaremos cuándo, dónde y cómo vivimos aquel confinamiento que puso en stand-by a Castilla y León.

Arriba, una calle de Salamanca durante los primeros días del confinamiento de 2020. Abajo, carnaval del Toro de Ciudad Rodrigo (Salamanca), hace unas semanas.

 Hoy, dos años después de que el Gobierno de España declarase el segundo estado de alarma de la democracia, la factura que el coronavirus ha hecho pagar a la Comunidad desde aquel 27 de febrero de 2020 en que la Consejería de Sanidad anunciaba los dos primeros casos de covid-19 en Castilla y León es inenarrable. 665.000 contagiados, casi 10.000 muertos, un sistema sanitario exhausto y una economía y empleo sostenidos con dinero público han sido algunas de las tremendas cicatrices que la SARS-CoV-2 ha dejado en la Comunidad.

Pese a esto, Castilla y León sigue luchando para amansar a la covid-19 y poder devolver a la ciudadanía la tan ansiada ‘nueva normalidad’, que ya se le ha escurrido de entre las manos en varias ocasiones. Como aquel verano de 2020 o antes de que la ómicron recordará que esto todavía no había terminado. Las imágenes de plazas abarrotadas durante el reciente Carnaval del Toro de Ciudad Rodrigo, las celebraciones de  laNochevieja ‘al estilo 2019’, el cercano fin de la obligatoriedad de la mascarilla, o la gran respuesta a la vacunación hacen prever que esta tétrica novela está escribiendo sus últimos capítulos.

Lejos, muy lejos quedan aquellos terroríficos momentos iniciales cuando escaseaban materiales, medios y conocimientos sobre el virus. Hasta la Junta de Castilla y León tuvo que hacer un llamamiento a empresas y particulares para que donasen cualquier material de protección (mascarillas, gafas, batas…) a los hospitales. Comunidades y países se pegaban para tratar de cerrar acuerdos con cualquier proveedor que les hicieran llegar las ansiadas mascarillas. Un elemento que, seguramente, sea el símbolo de esta pandemia. De útil exclusivamente sanitario pasaron a producto de primera necesidad. En la cara, en la barbilla, en el codo, en la muñeca o en el bolsillo. Metáfora perfecta de lo vivido los últimos dos años. Ahora, todo parece indicar que el final de su uso obligatorio esta más cercano que nunca y con él se irá una parte importante de la pandemia.

Todos contra el virus

Verónica Casado Vicente, exconsejera de Sanidad de Castilla y León, fue la cara visible de la pandemia en la Comunidad. Su aparición casi diaria en televisión durante los primeros meses sirvió para explicar, jornada a jornada, el imparable y letal avance que la covid-19 dejaba sobre los castellanos y leoneses. Sus famosas ‘Seis emes’ se convirtieron en la coletilla de todas sus intervenciones, en las que lamentablemente había poco que celebrar. Sus lágrimas en el Parlamento autonómico al recordad a los sanitarios fallecidos por la covid-19 han sido una de las imágenes políticas de estos dos años.

Dos años de tormenta a la espera de poder alcanzar la orilla
Dos años de tormenta a la espera de poder alcanzar la orilla – Foto: Rosa Blanco

Y es que la pandemia puso contra las cuerdas alGobierno autonómico como nunca antes. La educación, los servicios sociales, la economía, la cultura, el turismo, el empleo, no hubo una Consejería que no viera sus competencias devoradas por la SARS-CoV-2. Indudablemente, la Sanidad ha sido la más torsionada, sacando a la luz las costuras de un sistema que se vio desbordado para atender la avalancha de contagios. Faltaban camas, profesionales y tiempo.

Un envite de tal magnitud que logró aunar a casi todas las fuerzas políticas autonómicas bajo un Pacto por la Recuperación, aunque las cuitas entre Junta y oposición lo hicieron saltar por los aires antes de que pudiera hacer efecto.

Toques de queda y mociones

Dos años de tormenta a la espera de poder alcanzar la orilla
Dos años de tormenta a la espera de poder alcanzar la orilla – Foto: Rueda Villaverde

De hospitales para fuera, las medidas que ha tomado elGobierno de la Comunidad tampoco fueron fáciles, y muchas veces levantaron una gran polvareda. Los cierres de la hostelería y restauración –bien completa o el interior de los locales–, las restricciones a la movilidad entre provincias, la limitación de aforo en centros religiosos, o el toque de queda a las 20.00 horas –dos antes que en el resto de España y que fue tumbado por la Justicia–, fueron las armas con las que la Junta se encaró contra la pandemia. Incluso a una moción de censura del PSOE tuvo que hace frente.

La unidad de acción inicial bajó pronto al barro político y los ataques dentro de las Cortes, y desde la Junta hacia el Gobierno de España se convirtieron en una constante. Las críticas a la ‘cogobernabilidad’ por la falta de medios y la toma de decisiones, y los reproches a la situación de la sanidad pública  dentro de Castilla y León inundaron las intervenciones en el Parlamento autonómico. La pandemia desdibujó tanto la X Legislatura autonómica que acabó de forma abrupta con la primera convocatoria de elecciones anticipadas de la historia de la democracia regional.

Tierra a la vista

Dos años de tormenta a la espera de poder alcanzar la orilla
Dos años de tormenta a la espera de poder alcanzar la orilla 

La explosión de la sexta ola bajo el mando de la variante ómicron parecen ser el último latigazo de la pandemia. Los altos niveles de vacunación –en Castilla y León el 90 por ciento tiene la pauta completa–, la elevada inmunidad adquirida tras esta última variante y la vuelta a la normalidad en casi la totalidad de la vida diaria hacen presagiar que la tormenta perfecta que se ha desatado sobre Castilla y León, España y todo el globo, queda atrás y el barco esta próximo a la orilla. Ahora llega el momento de cicatrizar las heridas sanitarias y económicas, de no olvidar a todos aquellos que se quedaron por el camino, y de devolver a la ciudadanía la cotidianidad pérdida desde que aquella ‘misteriosa gripe’ de Wuhan irrumpió. Una vuelta a normalidad que habrá costado dos años de dolor, penurias y sinsabores.

La tercera con más letalidad

Castilla y León ha sido la tercera comunidad autónoma de España donde más ha matado la covid-19 desde el inicio de la pandemia por el envejecimiento de la población. De hecho, cuenta con una tasa de mortalidad por coronavirus por cada 100.000 habitantes de 344,4, solo por detrás de Aragón (365,5) y Castilla-La Mancha (344,8). Un dato que está muy por encima de la media nacional, con una tasa de mortalidad del 209,5. La elevada tasa de mortalidad en la Comunidad está motivada por el envejecimiento de la población y está comprobado que la covid-19 afecta, sobre todo, a las personas de mayor edad. Según las cifras colgadas por la Junta, el 74,6 por ciento del total de muertos contabilizados hasta ahora tiene más de 80 años.

Un desastre económico sin igual

El impacto de la pandemia en la economía de Castilla y León no ha tenido parangón en toda la historia. Ni la doble recesión tras explotar el ladrillo hizo tanto daño al Producto Interior Bruto de la Comunidad, que en 2020 anotó su mayor caída de la historia al perder 7,9 puntos. O lo que es lo mismo, durante el primer año de la covid-19 se dejaron de producir bienes y servicios por valor de 5.000 millones en Castilla y León. Ahora, y tras el repunte del 5,5% del PIB en 2021, la economía regional confía en que durante este año se pueda recuperar todo el terreno perdido y que este ejercicio termine con las mismas cifras que presentaba de 2019. El problema, tal y como reconoció el consejero de Economía, Carlos Fernández Carriedo, es que «se habrán perdido tres años por el camino».

Hostelería y el turismo pagan el pato 

El coronavirus ha tenido un innegable perjuicio sobre la mayoría de los sectores productos de Castilla y León. No obstante, dos sectores han sido los grandes perjudicados por una pandemia que hacía estragos allá donde había contacto social. En este sentido, la hostelería y la restauración fueron el foco sobre el que se centraron la mayoría de las restricciones aplicadas por la Junta de Castilla y León y elGobierno de España para frenar la expansión de la covid-19. Cierres totales, de interiores, de barra, o solo servicio de reparto a domicilio, han sido alguna de las calamidades que han tenido que soportar para que el coronavirus no saturase el sistema sanitario.Igualmente, las restricciones a la movilidad impactaron con dureza en el turismo.

Un sistema sanitario al límite

El sistema sanitario de Castilla y León ha sido el gran salvador durante la pandemia pero también ha servido para verle las costuras. La crónica falta de personal se ha agudizado durante estos dos años, llegando incluso a agotar durante meses las bolsas de empleo autonómicas.«No hay sanitarios disponibles, tenemos las bolsas a cero», reconocía el exvidepresidente y portavoz, Francisco Igea. La ampliación de las camas UCI para hacer frente a los peores momentos de la pandemia a principios de 2021, los contagios y fallecimientos entre los profesionales o las críticas por el cierre de los consultorios rurales han sido algunas de los puntos negros que el sistema sanitario ha mostrado durante travesía por la tormenta de la covid-19.

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