Arqueología industrial

Dámaso

12 de marzo de 2011

Solo solo en Castromocho podremos admirar y transitar por media docena de puentes, el casco urbano se reparte en siete barrios y sobresalen por encima de todo sus dos iglesias de San Esteban y Santa María.

Anda por allí con un poco de más agua de lo normal el río Valdeginate, una de las corrientes hidrológicas más autóctonas de la Tierra de Campos palentina. Poca no ha debido de ser el agua que por él ha pasado en la historia, pues a su vera se instalaron molinos, aceñas y fuentes de zanca. Y más posteriormente industrias harineras, como la Harinera de Campos Los Ángeles, ya abandonada y formando parte de eso que hoy se conoce como arqueología industrial, a pesar de que se le podría dar una utilidad cultural si existiesen circunstancias favorables e inquietudes para ello.

Y es que aunque estemos en tierras de secano, solo en Castromocho podremos admirar y transitar por media docena de puentes, algunos con nombres tan sugerentes como el puente Viejo, del Mercado, del Prado, o el del Membrillar, que atraviesa el Canal de Castilla, que también discurre por el término de Castromocho.

Me dicen allí que el bien ordenado casco urbano del pueblo se reparte en siete barrios, conocidos como Revilla, Mercado, del Medio, de Fuera, Zorita, Reollo y San Pedro.

Sobre todos ellos destacan las soberbias fábricas templarias de las iglesias de San Esteban, que es la parroquia, y la de San María de Colaña, cuya torre se cree que fue un viejo baluarte medieval y a la que hace competencia la popularmente conocida como Torre del Reloj.

El Norte de Castilla, 12 Marzo 2011.

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